Sello personal
15/05/2009 11:18
Ha llenado durante varios días el Torreón de Lozoya de espectadores que no querían desaprovechar la oportunidad de ver su nuevo espectáculo, que ha estrenado gira por festivales en este Titirimundi. Jordi Bertrán es uno de los maestros del teatro de títeres nacional y uno de sus más célebres representantes fuera de las fronteras españolas. Sus creaciones siempre tienen ese punto de imaginación que las hace diferentes, además de una extraordinaria habilidad en el manejo de las marionetas. Ambos elementos están presentes en 'El aliento de los hilos' y ambos fueron de nuevo reconocidos generosamente por los espectadores.
Bertrán se luce con los cuadros más sencillos. Sobre todo con la desventuras de esas criaturas formadas sólo con los dedos desnudos y sendas bolas blancas como cabezas que trastean por todo el recorrido de la guitarra, arrancando notas con armonía.
Luego vienen los grandes títeres de hilos, muy elegantes, sofisticados en su fábrica y exigentes en su manipulación, como Edith Piaf o el gran Charlot, al que se le ocurre subirle a unos patines. Y el humor, con ese rockero a mandíbula batiente que se llama Inox. Todos pendientes de decenas de hilos que parecen condenados a reunirse en madeja.
Lo que me extrañó del espectáculo, bien medido y dispuesto para su disfrute, fue la repentina irrupción de Bin Laden y su incorporación a la galería de personajes. Me sorprendió aún más el número interpretado con esta marioneta en escena, sobre todo cuando el muñeco exhibe un avión entre sus manos y le hace dibujar trayectorias irregulares en el aire.
Personalmente no me hizo nada de gracia, aun entendiendo que la libertad de expresión es sagrada. ¿Se hubiera reído el público como lo hizo si en vez de juguetear con un avión lo hubiera hecho con un vagón de un tren de cercanías?
Bertrán advirtió previamente que el 'sketc'h podría herir a los más sensibles, pero pensábamos que era otro guiño humorístico encajado en el guión.