Los estrenos alimentan el festival
El estreno de Titirimundi en el terreno de la producción propia con el montaje de 'La leyenda del Acueducto' demostró por encima de todo un poder de convocatoria incuestionable. Como si esa generosa expectación con la que el público saluda cada espectáculo del programa se hubiera multiplicado y concentrado en la plaza del Azoguejo, que el sábado por la noche se vio colapsada por una marea de espectadores apostados frente al monumento.
Esa ha sido, seguramente, la fotografía del 25 aniversario del festival. Una multitud arropando la nueva aventura de Titirimundi, el gran evento artístico que esa noche fue más segoviano que nunca. El resultado, sin embargo, no fue todo lo brillante que se podía esperar, dada la conjunción de varios talentos en su concepción y desarrollo. Evidentes problemas de sonido, que atronaba y distorsionaba, impidieron a la mayor parte del público escuchar el texto de Moncho Alpuente, y dificultó la comprensión de esta versión laica de la célebre leyenda.
Los títeres de Román y Cía y las siluetas de Madrigal tuvieron un papel secundario, mientras que las proyecciones de 737 Shaker se alzaron con un merecido protagonismo. Excelente la animación que narra la construcción piedra a piedra, con la iluminación exacta de cada sillar colocado, y muy sugerente la idea de vida que surge con la primera acometida de agua que cruza el monumento. Y como en los espectáculos clásicos, un abrebocas final con la simulación de la caída del Acueducto que a algunos les obligó a ahogar un grito de espanto.
No ha sido el único estreno de la presente edición. El Chonchón, compañía argentino-chilena que ha entusiasmado en años pasados, presentaba en España 'El enmazcarado' en una sala de La Alhóndiga abarrotada. La leyenda de El Zorro más justiciero, seductor y revolucionario pasada por el tamiz de estos titiriteros de casta. El montaje tiene lagunas de ritmo, pero sin duda merece la pena contemplar este trabajo. Y como siempre, la introducción fue genial, con una verborrea ingeniosa, repleta de guiños internos al festival.
Sombras japonesas
La jornada del domingo, con casi 50 funciones programadas, volvió a dejar postales de multitudes en las plazas, colas en los patios y concentraciones en los teatros. Y el Carrusel Magic, un imán para las familias durante todo el día, una fiesta sin apenas descanso.
Entre lo más destacado del programa dominical, sin duda las dos actuaciones de los japoneses Kakashi-Za en el Juan Bravo. Un prodigioso teatro de sombras que impactó a los espectadores, la mayoría de los cuales salía con la misma sonrisa que exhibieron los actores durante todo el montaje.
Fantástica técnica para crear decenas de animales con las manos y exquisita coordinación para componer las escenas con ellos. Admirable profesionalidad la de los cuatro creadores, quienes regalaron un número especial para Titirimundi, un cuadro flamenco en el que la bailaora y el guitarrista eran pingüinos dibujados con los dedos. Suena 'kitsch', pero fue soberbio.
De los patios deja buen recuerdo Créature, compañía francesa que ha actuado en el jardín de San Juan de los Caballeros y que el sábado tuvo que interrumpir su actuación por la lluvia. Música en directo y varias historias entrelazadas. Más desigual ha sido la acogida a La Tete de Pioche (Canadá) y sus alegres carniceros, una alegoría corrosiva en la que las salchichas saltan, nunca mejor dicho, al primer plano.
Hoy es el día de cierre y apenas se bajará el pulso. Casi 30 citas en diversos espacios y un broche que promete: 'La flauta mágica' de Thalias Kompagnons (Alemania) en el Juan Bravo.