Claroscuros
ALFONSO ARRIBAS
Había enorme expectación por asistir al estreno mundial de The House, el nuevo trabajo de la danesa Sofie Krog , ahora en alianza con el segoviano David Faraco. Expectación por motivos sentimentales y de cercanía personal para una buena parte del público pero también por razones artísticas, ya que son muchos los que aún tienen fresco en la memoria el recuerdo de Diva, un montaje sorprendente y revelador que ha sido de lo que más ha gustado en las últimas ediciones de Titirimundi.
No defraudó la imponente presencia de la casa giratoria que da título e inspiración a la obra y donde se desarrolla la trama, una construcción exquisita que alberga múltiples y minúsculos escenarios. Ese manejo de planos y perspectivas es de lo mejor de la producción, y configura una de las marcas de la compañía.
Otra cosa es la dramaturgia. Sofie Krog opta por una historia trágica trufada de momentos humorísticos, oníricos, alegóricos y hasta surrealistas, una narración compleja que funciona más desde el lado visual que desde el trono de la palabra.
El argumento se centra en las pasiones que desata en los protagonistas el contenido de un jugoso testamento. El reparto de la herencia saca a la luz las bajas pasiones de los más ambiciosos, y empuja a la obra a una deriva de misterio y persecución que resulta muy cinematográfica.
Se observan resoluciones formales muy ingeniosas, aunque también se peca de precipitación en la conclusión de algunas escenas. En general, hay un cierto sentimiento de confusión en el espectador, provocado por dos factores que con seguridad se atenuarán cuando The House acumule rodaje y experiencia.
En primer lugar, algunos problemas técnicos, de potencia de voz y de dicción que dificultan la comprensión de algunos diálogos. Y esto en una historia que requiere tanta atención puede separar al espectador en varios momentos.
Pero también hay zonas oscuras en la trama que en mi opinión cruzan tan velozmente la línea del entresijo que acaban pisando el terreno de lo laberíntico. La integración en el conjunto de algún cuadro, personaje o situación resulta complicada, y tanto margen para la interpretación libre en ocasiones perjudica el seguimiento de la historia.
Así que lo que verdadera y finalmente se impone es la casa, un escenario rotundo, versátil y encantado, el auténtico pilar de una obra que tendrá que crecer con el paso del tiempo, desenredar los nudos y aportar algo más de consistencia a la narración.