Cientos de escolares disfrutan de la cara más segoviana y ordenada de Titirimundi


12/05/2009 10:14

Titiriteros de BinéfarCon el inicio de la semana laborable, Titirimundi se cuelga la etiqueta de segoviano y permite a los aficionados locales el disfrute más pausado del Festival tras las apreturas y descontentos del fin de semana.

 Se reduce el número de espectadores aunque las salas siguen llenas, y eso que el catálogo de funciones no merma. Ayer fueron más de 30 las citas, prácticamente las mismas que en los días festivos, y los aforos de interior se llenaron aunque se redujo el número de personas que se quedaron a las puertas.

 Así ocurrió, por ejemplo, en la función de Papelito en la Diputación Provincial o en La Alhóndiga para ver a Le Due e un Quarto, dos espectáculos que tienen el favor del público.

Se notó también, o sobre todo, en la calle. Los Titiriteros de Binéfar volvieron a tomar San Martín, plaza ocupada en su totalidad pero sin la desmesura alcanzada el sábado y el domingo. Incluso era posible llegar una vez comenzado el montaje y hacerse un hueco entre las filas para asomar la cabeza, algo imposible en las jornadas precedentes.

 Muchos, la mayoría de los que se dieron cita bajo Juan Bravo eran escolares, los verdaderos protagonistas de la jornada. También coparon el patio de Conde Alpuente, sede del ciclo Titiricole.

 Por y para los alumnos

 Ambientazo en este espacio reservado a la exhibición de las creaciones que salen de los centros de la capital y de la provincia, con un centenar de alumnos apostados sobre las alfombrillas que reparte la organización junto a un buen puñado de profesores y de padres que han cogido el día libre.

 Resulta curioso asomarse detrás de los teatrillos, donde bullen los nervios de los pequeños. Así ocurrió en la actuación ayer del CEIP Marqués del Arco de San Cristóbal de Segovia, un remolino de títeres de calcetín, manipuladores bisoños, maestros coordinadores, micrófonos y guiones constreñidos en apenas unos cuantos metros cuadrados.

 Pero es que además, el Festival programó por la mañana dos funciones cerradas, exclusivas para escolares, celebradas en los Colegios Sagrado Corazón y Domingo de Soto.

 Compañías tan solventes como Teatro Arbolé y La Gaviota escenificaron sendas versiones de clásicos infantiles como Los tres cerditos y El ratoncito Pérez con una mezcla de técnicas: de hilo y bastón, de guante, luz negra...

 Esta cara local del Festival se tradujo también en una generosa visita a los barrios, donde se celebraron funciones variadas que contaron con el respaldo del público aunque de forma sensiblemente menos multitudinaria. Se pudieron ver con comodidad, e incluso con holgura, los Fantoches portugueses en Santo Tomás, a Teatro del Drago en San José o a Salvatore Gatto en La Dehesa.

 Todo esto fue posible porque de nuevo el cielo estuvo más amenazante que problemático y no hubo riesgo de suspensión en el horario de tarde, pues empezó a llover cuando casi todo había concluido. El viento, que sopló fuerte en ocasiones, sí causó algún problema.

 Estreno frustrado

 

En la crónica del lunes había un lugar reservado de antemano para reseñar el estreno de un espacio como nueva sede del Festival, y no uno cualquiera. Se trataba del ábside en ruinas del antiguo convento de San Agustín, en un intento de recuperarlo para la ciudad y de habilitarlo, o probarlo, para la actividad artística.

 Había un cierto morbo por ver cómo encajaba Titirimundi a la sombra de este recuerdo gótico y junto a la relación de los combatientes caídos del bando nacional que permanece inscrita en los muros. No fue posible porque a falta de algunos trabajos básicos de acondicionamiento y por razones de seguridad para artistas y público, la organización optó por trasladar el escenario a los contiguos jardines de Carlos Martín Crespo y Luis Martín García.

 En ese marco actuaron los africanos de Dittout, una de las compañías más visibles de la presente edición por sus llamativos trajes y títeres y porque se han programado con profusión.