Artefactos fascinantes
Por Alfonso Arribas
Un teatro de objetos sublime, nacido de una inteligencia escénica notable, repleto de ritmo y de imágenes para el recuerdo. Una película de acción en miniatura, creada en directo sin margen de error, que depara sorpresas a granel.
Es la historia de un atraco perpetrado por una pareja de bandidos forjados en un patio de recreo. Es también el relato de su amistad, leal e inquebrantable. Y resulta un prodigio técnico despojado de la frialdad que suelen aportar las tecnologías.
Salvo un juego de proyecciones verdaderamente audaz y minúsculo, el resto del despliegue es de lo más cotidiano: una linterna, un par de hilos de lana, dos desatascadores, botes de lejía, una careta y varios coches de juguete.
Con todo eso, o solo con eso y un medido juego de luces, se ofrece un disparatado cuento negro rendido al humor, incluso a la ternura. Persecuciones, chantajes, explosiones, escaladas&hellip Todo el género reunido en un pequeño espacio abigarrado de naderías que en un segundo se vuelven fascinantes.
'Baquage' se contempla con una sonrisa que se niega a desaparecer. Durante una hora las invitaciones al asombro son constantes, pero sin alardes. Por eso el montaje se pega al cuerpo, porque nada aleja al espectador de la escena.
Uno ve las estanterías llenas de cachivaches y espera plácidamente su despliegue como herramientas de efectos especiales, detrás de lo cual hay un trabajo extraordinario, un orden exquisito.
Olivier Rannou da una lección de ingenio sin pretensiones, que son las que mejor se aprenden. Una cadena de felices inspiraciones que ha aportado brillo y calidad al festival.