«Titirimundi solo tiene sentido en Segovia»
Nadie, por mucha crisis y recortes presupuestarios que haya, se llevará de la ciudad este espectáculo que conmemora en esta edición que arranca en diez días sus bodas de plata; aunque sus inicios se remontan a los albores de los ochenta, cuando, salvo en verano, la oferta teatral se difuminaba y los cines de la urbe cerraban. Las convulsiones políticas hicieron que en 1988 y 1989 desapareciera de la agenda segoviana la programación titiritera. Por fortuna fue un paréntesis. La cita «renació de sus cenizas en los noventa y poco a poco fue creciendo; esa es la forma de ganar garantías para que algo tenga arraigo», recuerda el director del festiva, Julio Míchel.
Y Titirimundi lo ha logrado, ha echado raíces, ha traspasado fronteras y «a estas alturas es imposible trasladarlo», asevera el ideólogo del invento, quien ayer acudió a la tertulia 'Hablamos de Segovia' que cada lunes emite Punto Radio y en la compartió sus sensaciones con los periodistas Javier de Andrés, Luis Martín y el delegado de EL NORTE DE CASTILLA, Jaime Rojas.
Tentado por otras ciudades
La repercusión mediática de Titirimundi es innegable. Falta un estudio económico que traduzca en cifras esos beneficios para la ciudad, reclama Míchel, quien invita a sectores favorecidos por el ambiente que genera el carrusel de actuaciones, como pueden ser los hosteleros, a que se vuelquen en la iniciativa. Su celebración atrae a Segovia de forma directa entre 150 y 160 personas solo a través de los contratos con los artistas, a los que hay que sumar entre 150 y 200 asistentes más que se implican en su desarrollo de manera indirecta, apunta el director, quien no duda del «interés económico» que encarna la cita titiritera para la ciudad.
Aunque reconoce que «me han tentado hace tiempo» para trasladar este evento «único en España» a al menos dos ciudades, Míchel asevera rotundo que «Titirimundi solo tiene sentido en Segovia».
Este año la capital concentra en cinco días -del 12 al 16 de este mes- 188 representaciones que volverán a llenar de público las calles, plazas, patios, iglesias y teatros. Por cierto, Julio Míchel precisó que en este 25 aniversario del festival se suman dos nuevos escenarios cubiertos: los de las salas Ex.Presa de La Cárcel y el centro del teatro Paladio en los Altos de la Piedad.
El promotor presume de la magnitud que ha adquirido la cita y de cómo ha cuajado en la sociedad segoviana y en su agenda cultural. Pero Míchel cree que aún se pueden hacer más cosas. Además del citado estudio sobre la repercusión económica, el director del evento echa de menos poder planificar a más largo plazo la programación para tener «guardadas las espaldas».
300.000 euros
De hecho, la gestión del presupuesto de este año, que asciende a unos 300.000 euros, ha vuelto a estar condicionada por los recortes de la crisis. Por un lado, se ha reducido la duración a cinco jornadas, «cuando lo ideal sería una semana o al menos seis días». Por otro, la organización ha tenido que prescindir de editar una publicación especial a modo de memoria con motivo de los 25 años y de contratar algunos «grandes espectáculos».
Julio Míchel explica que en octubre ya había una partida definida, a falta de saber las aportaciones de Caja Segovia y la Junta. En noviembre, los promotores recibieron con los brazos abiertos, aunque sin apenas margen de maniobra, la noticia de que «el Ayuntamiento y la Administración regional estarían dispuestos a contratar un evento importante que coincidiera con la promoción de la candidatura a la capitalidad de 2016 y el aniversario del festival», expone el responsable. Los esfuerzos de última hora para traer un gran montaje fueron en vano por la tardanza de la buena nueva de la inyección, cuyo dinero se ha destinado a la producción propia de la obra 'La leyenda del Acueducto', en la que participa una nutrida selección de artistas locales, como Moncho Alpuente, Antonio Madrigal o Cuco Pérez.
Implicar a firmas privadas
Esta representación nace con vocación de asentarse en la programación de la ciudad, ya sea dentro del propio Titirimundi o en las fiestas patronales de San Juan y San Pedro.
La premura no es buena compañera de aventura a la hora de organizar un evento de esta envergadura que aspire a tener una calidad y trascendencia internacionales. Por eso, Julio Míchel reivindica «trabajar con tranquilidad». Eso solo es posible con una planificación anticipada. El director agradece el convenio a medio plazo firmado con el Ayuntamiento. Pero para apuntalar las celebraciones futuras, es «lógico y coherente» que la Junta suscriba con la organización un acuerdo similar al del Consistorio con el fin de «saber el dinero con el que se cuenta el año siguiente» y que se sume a «los apoyos de palabra».
Otra opción en la que trabaja el festival es la captación de fondos del sector privado, reconoce el director. Se trata de «buscar ayudas de grandes firmas comerciales incluso internacionales muy implicadas en este tipo de eventos».