«El público de Segovia está hambriento de espectáculo»


11/05/2009 10:18

Dominique Kerignard es uno de los veteranos del festival de Titirimundi. Con su espectáculo del Circo de las Pulgas hace las delicias de grandes y pequeños, jugando con la imaginación, la ilusión y la fantasía de grandes y pequeños. Sus actuaciones, en el patio de la Casa del Sello -sede de la Cámara de Comercio-, registran llenos en la coqueta carpa instalada, donde se desarrolla el espectáculo de unas pulgas capaces de hacer las acrobacias y los números más inverosímiles.

 

Los diminutos protagonistas escupen fuego, ejecutan saltos mortales y hasta salen despedidas de un cohete. Sus actuaciones duran unos veinte minutos, aproximadamente, y realiza varias a lo largo de la mañana, siendo la última a las 13 horas. El Circo de las Pulgas ofrecerá representaciones hasta el próximo miércoles.

 

-¿Cuántos años ya viniendo a Segovia a participar en Titirimundi?

 

-Creo que con este son ya diez años.

 

-¿Qué tiene para usted de especial este festival?

 

-Aquí uno encuentra a uno de los públicos más caliente. Están hambrientos de espectáculo y eso se ve en que se forman colas increíbles. Quieren ver el espectáculo. Creo que en otros festivales el público no tiene este ambiente tan especial y tan particular.

 

-Es usted uno de los artistas más conocidos del festival...

 

-La verdad es que hemos visto a las familias crecer. Niños que vinieron a la función hace años y que ahora los vemos mucho más altos. Hoy (por ayer) hemos visto una pareja, que eran novios una de las primeras veces que vinimos y ahora tienen dos niños. Es muy curioso encontrarse con ese tipo de gente.

 

-¿Qué cree que siente el público en su espectáculo?

 

-Creo que se sienten como en casa. Les gusta mucho.

 

-¿Dónde está la clave?

 

-Se trata de un universo muy pequeño. Todos han oído hablar de circos de pulgas, saben que han existido. Diría que son parte del folclore. También es particular la historia, la manera de presentar este circo. Por eso también interesa el papel del contador. Los niños miran las pulgas, los padres también se lo creen, pero a la vez miran a los niños disfrutar. Hay algo de magia, porque ellos se vuelven niños otra vez. Aquí se juega con la ilusión, que es la base del teatro.